De acuerdo con el propio Petro, “se estableció un
canal de comunicación” entre ambos mandatarios: una especie de línea blanca,
directa, muy privada y convenientemente discreta, destinada a resolver los
grandes dilemas del planeta. En esa llamada se abordarán temas esenciales como
la política comercial, el programa espacial, la gastronomía gourmet
internacional y, por supuesto, la eterna protagonista: la cocaína, que jamás
pierde vigencia ni protagonismo en la agenda bilateral.
La reunión será “determinante”, ese adjetivo mágico
que en política sirve tanto para anunciar cambios históricos como para
justificar que nada cambie. Mientras tanto, el presidente invita a la
ciudadanía a mantener la calma, como si el país entero estuviera conteniendo la
respiración a la espera de saber qué piensa Trump después del café o antes de
abrir Twitter y sufra repentinamente, como otras ocasiones, pero al contrario
de lo que ocurrió después de la llamada telefónica del amor al odio visceral
del pasado.